Hay veces que el espíritu alcanza cotas de humanidad y hermandad. Eso es parte de una cultura común. Hoy de la mano de Abraham Cupeiro hemos podido acceder a la trascendencia del conocimiento, a lo que nos une a través de la música y los instrumentos de viento. Gracias a todos los que habéis venido. Abraham, María, sois unos musicazos maravillosos y unas excelentes personas. Para todos nosotros hoy ha sido un gran día. Hacer esto en la Armedilla es excelente.
Pangea era el nombre con el que, en 1910, el meteorólogo berlinés Alfred Wegener bautizó al continente único que hace 300 millones de años conformaba la Tierra. Cuando el niño Abraham descubrió aquel término, durante una clase de geografía, se quedó obnubilado. Decidió que debía leer cuanto cayera en sus manos para comprender el comportamiento de nuestros ancestros. Y llegó a la conclusión de que el pasado remoto no solo sirve para explicar lo que somos, sino para proyectarnos hacia el porvenir. “Los sonidos milenarios”, reflexiona, “no solo resuenan en nuestro interior evocando tiempos pretéritos». «Además, nos hacen sentir matices y colores tan inusuales que se convierten en futuristas”.